Almas rotas: la realidad de las personas psicológicamente maltratadas

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Las almas rotas lo han sido desde que le rompieron el corazón de pequeñas. Abusos por parte de sus padres, falta de cariño y una notable indiferencia.

A medida que pasaron los años, las relaciones “maduras” se fueron haciendo presentes. Sin embargo, nada era idílico, como muchas veces leíamos en libros o veíamos en las películas románticas.

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Todo empezó en la infancia y continuó durante el periodo de madurez. La gran pregunta es ¿las almas rotas pueden dejar de serlo?

¿Eres consciente de lo que deseas vivir?

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Cuando el maltrato se introduce en una relación hay un maltratador y una víctima. Muchas personas que la quieren intentarán hacerle entrar en razón, que abra los ojos. Sin embargo, no puede.

Debido a las carencias y abusos sufridos en su infancia, ella ha naturalizado ciertos comportamientos agresivos. Un insulto, un bofetón, una mala palabra, una actitud que humilla…

Las almas rotas no están viviendo nada nuevo, aunque sí diferente y con otro tipo de estrategias que intentan someterlas.

Cuando empiezan a ser conscientes de que nada va bien, entonces aparece el miedo…

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Comienzan a rebelarse y a recibir golpes más notables que intentan maquillar o excusar con caídas a las que no se les da importancia.

Están siendo conscientes de que, lo que antes consideraban “normal”, se les ha ido de las manos. Ahora no desean continuar viviendo así, pero no saben cómo salir de todo esto.

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Se sienten confundidas, temerosas e impotentes. Sin ser conscientes, han alimentado a la bestia por un largo periodo de tiempo. Ahora no saben cómo escapar de ella.

Las dos caras de la misma moneda

Aunque nos resulte difícil creerlo, tanto el maltratador como la víctima son las dos caras de una misma moneda.

Ambos sufrieron en su infancia, aunque su manera de manifestarlo es muy diferente.

  • El intento de tener el poder sobre el otro: el maltratador ejerce ese poder que le fue arrebatado en su infancia. No quiere que le hagan daño, no quiere sentirse débil.

Por lo tanto, daña a quien más quiere, pero, sobre todo, al más vulnerable.

  • La necesidad de agradar: la víctima, en cambio, busca agradar a la otra persona para que la acepte y le brinde palabras cariñosas. Siente que debe hacerlo todo bien y no fallar.

Si no es así, considera lógico y aceptable recibir una recriminación por ello.

El gran problema es que toda víctima se convierte en un alma rota. Alguien a quien desgarran por dentro, utilizándola, haciéndole daño de las maneras más viles, amenazándola y, en ocasiones, matándola.

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La víctima no tiene recursos para poder defenderse, pues no los ha aprendido nunca. Lo que sí ha aprendido, y muy bien, es a esconder sus sentimientos y a sufrir por dentro.

Un bucle del que se puede salir con la paciencia, espera y firmeza necesarias.

La reconstrucción de las almas rotas

No vamos a negar que muchas almas rotas no podrán ser nunca reconstruidas. Todo lo que nos ocurre cuando somos pequeños nos afecta de forma importante en periodos posteriores de nuestra vida.

No obstante, si has contado con las personas adecuadas y has conseguido sacar fuerzas de donde no sabías que las tenías para cuestionarte todo lo que te habían enseñado, todo ese miedo inculcado… Tienes esperanza.

Sales de esa relación tan destructiva y dolorosa que ha cavado un hoyo, más hondo si cabe, en tu corazón y en tu alma.

No obstante, has salido de ella y ahora es el momento de iniciar un nuevo camino. Rodearte de personas que te quieren será un aliciente importante, así como buscar ayuda profesional que te oriente de una forma concreta y correcta.

Paso a paso, con calma y sin prisa, las almas rotas van recogiendo esos trocitos que los demás provocaron, pero que siempre pueden volver a pegarse.

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Está claro que quedarán grietas y marcas profundas de lo vivido. Porque nadie puede olvidar y todo lo experimentado nos ha convertido en lo que hoy somos.

Sin embargo, lo positivo está en ser mejores, en tomarlo como una experiencia y seguir adelante con todas esas cicatrices que poseemos, pero que hemos sabido sanar debidamente.

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Las almas rotas pueden reconstruirse y salir adelante. No volver a caer en los mismos errores. Cambiar la percepción de lo que antes creían correcto e incorrecto.

Hay un antes y un durante en toda relación de maltrato. No te olvides de que también hay un después y esto es una oportunidad para modificarlo todo.

Fuente

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